Ese bonito momento…
…en el que alguien con quien ya apenas tienes relación ninguna te dice que se acuerda de ti cuando escucha una canción que hace años que no escucha y que un día descubrió por ti.
Ese fabuloso momento…
…en el que con más miedo que vergüenza acabas cogiendo el tren bomba y cuando ya has llegado al andén de tu estación y bajas la guardia aparece alguien que NO debería estar ahí, que se va a su barrio.
Ese fabuloso momento…
…en el que cada vez que hablo con Jose me voy sintiendo más como el “Sr Caviar de Mierda” y él más como el “Sr Nada Personal”:
Ese fabuloso momento…
…en el que adviertes que tal día como hoy pero un año atrás, comenzaba la parte más frenética de mi espiral descendente de surrealismo y ese mes largo de moralidad cero. Cuánto cambian las cosas en un año.
- Cabrón que me conoce: ...y siempre va a ser bien recibida, aceptada, ya sabes lo que quiero decir.
- Yo: Sí, ya sé...
- Cabrón que me conoce: Uno da lo que recibe.
- Yo: Explícate.
- Cabrón que me conoce: Claro, tío, yo se lo he oido decir a tu abuela, y ya ves tú lo que yo puedo conocer a tu abuela. Decir que lo mejor que le podría haber pasado a su hijo fue encontrar a tu madre.
- Yo: Por cumplir (río).
- Cabrón que me conoce: No, tío, se lo he oido decir sin que tu madre estuviese delante, sin que fuese a enterarse necesariamente.
- Yo: Entiendo.
- Cabrón que me conoce: Pues eso, que uno da lo que recibe. Aprovéchalo.
♫ Hay un idiota, hay un idiota, hay un idiota en el nombre en el tatuaje en la cadera en la niñata en el mercado de Entrevías. ♫
- Ella: He pensado tatuarme tu nombre.
- Yo: No deberías.
- Ella: ¿Porque no te gustan?
- Yo: No, porque es una gilipollez.
- Ella: Aún así, para mí tiene sentido, al fin y al cabo has sido lo que has sido.
- Yo: Mejor tatúate mi cara haciendo alguna mueca.
- Ella: Eso es una idiotez.
- Yo: Ah, claro, eso sí... en fin, he sido lo que he sido.
- Ella: ¿Qué?
- Yo: Que te tatues mi nombre si te da la gana, muchacha.
- Ella: ¿Por qué de repente sí?
- Yo: Porque he sido una de tus mayores gilipolleces, quizá otra gilipollez no sea la peor manera de recordártelo.
- Ella: Eres un subnormal.
- Yo: No soy yo quien ha empezado esta conversación. Eres tú quien parece no poder pasar por mi barrio sin encontrarse accidentalmente conmigo.
- Ella: Sermo, olvídame.
- Yo: Será mejor que no te tatues mi nombre.
Ese incómodo momento…
…en el que incluso lo más superado te toca un poco la fibra, decide unirse con lo que ya más que fibra te toca los cojones y empieza a despertarse en ti ese comportamiento de supino hijo de puta que intentabas desterrar.
Mejor me doy una ducha y veo si cuando salga estoy un poco menos quemado.
Que te empiece a seguir un túmbler…
…echar un ojo y ver tatuajes, poesía barata, cortavenosidades varias, fotos de instagram.
¿En serio? ¿Qué cojones puede llevar a alguien así a seguir un túmbler en el que se meten abiertamente con todo lo que te gusta?
Ese fabuloso momento…
…en el que sales a cambiar el coche de sitio tal y como estás en casa y justo te pilla la policía moviendo el coche sin gafas, sin cinturón de seguridad, sin poner intermitentes, sin el carnet de conducir encima y descalzo.
Y a pesar de todo, te mira, niega con la cabeza y se va.
Ese fabuloso momento…
…en el que la camiseta que solías ponerte para estar por casa pasa a convertirse en vestido de alguien con muchas tallas menos que tú y sientes que te travistes si te la vuelves a poner.
Ese fabuloso momento…
…en el que preparas todo lo necesario para tomar mate porque, qué cojones, te apetece y al coger la bombilla recuerdas que cierto bastardo hijo de mil padres que últimamente no te ha traido más que problemas decidió que con un poco de papel de aluminio podía convertirla en una pipa de marihuana.
Ese fabuloso momento…
…en el que viene a tocarte los huevos uno de esos cambiamundos que se creen que por sus pintas son ya suficientemente inconformistas. Por favor, cada día me importan menos tus mierdas, ni siquiera las de verdad, como para que me importe cómo las expresas.
Estoy hasta los cojones de ilusos que, hartos de no poder cambiar el mundo, intentan cambiarme a mí.
Ese fabuloso momento…
…en el que después de meses te vuelve la puta cefalea nerviosa hasta tal punto que piensas que te va a estallar el puto craneo y los hijos de puta de los vecinos deciden que es el puto mejor momento para taladrar la jodida pared.
Agobio, nerviosismo, tensión…
De repente descubres que quizá no es ataraxia, es que nada había importado lo suficiente… simplemente todo, en un mundo que no comprendes, estaba muy alejado, demasiado como para despertar lo que en los demás despertaba las cosas importantes. Inquieta, sorprende y, sinceramente, acojona… Así que esto es lo que decía que quería sentir… esto es lo que lo hace real.